Benedicta Montaño Vidal, vichera de Guapi Cauca, inspiración de la colección Detrás del Viche de Embambada

Detrás del Viche: historia, mujeres y resistencia afrocolombiana

Hay cosas que no se aprenden en libros. Se aprenden de madrugada, con olor a caña húmeda, escuchando a una mujer que sabe cuándo la tierra ya está lista. El viche es una de esas cosas.

Hablar del viche es hablar de una de las tradiciones más profundas, más vivas y más resistentes del Pacífico colombiano. Y en Embambada sentimos que esa historia merece ser contada — y también vestida.

¿Qué es el viche, realmente?

El viche es una bebida artesanal elaborada a partir de la caña de azúcar: se siembra, se corta, se muele, se fermenta y se destila en alambiques tradicionales. Pero reducirlo a eso sería como reducir a una persona a su oficio.

El viche es medicina. Es espiritualidad. Es autonomía. Es el gesto concreto de unas comunidades que, a pesar de la persecución y el estigma, nunca soltaron lo suyo.

Antes del viche, el guarapo: una memoria que viajó desde África

Para entender el viche hay que entender lo que lo antecede. Y esa historia empieza mucho antes de que la caña llegara al Pacífico colombiano.

En África Central y Occidental, las personas ya tenían desde tiempos ancestrales una larga tradición de bebidas dulces y fermentadas. El malafu — vino de palma extraído de la savia de palmeras — era una de ellas, central en ceremonias, rituales de sanación y celebraciones comunitarias en lo que hoy son territorios de la República Democrática del Congo. En Camerún, Guinea Ecuatorial y Gabón existía también la malamba: una bebida elaborada precisamente a partir de la fermentación del jugo de caña, macerado en mortero y dejado reposar durante semanas. Su sabor y textura son notablemente similares a lo que hoy llamamos guarapo.

Cristóbal Colón introdujo la caña de azúcar en América en su segundo viaje en 1493, sembrándola en La Española. Los colonizadores españoles y portugueses establecieron plantaciones en diversas partes de América Latina a lo largo del siglo XVI, utilizando primero mano de obra indígena y después africana.

Pero cuando las personas africanas esclavizadas llegaron forzosamente a estas tierras — a fines del siglo XVI se inició la trata de esclavos africanos en el territorio de la actual Colombia, permitida por la Corona española para suplir la mano de obra indígena en declive  — algo sucedió al encontrarse con la caña: reconocieron en ella un sabor familiar. Una memoria gustativa que habían traído desde sus tierras.

Los españoles introdujeron la caña y los trapiches. Pero fueron las poblaciones africanas quienes aportaron el conocimiento, la práctica y la resignificación de extraer, fermentar y transformar bebidas dulces. De esa mezcla — técnica colonial, saberes y paladares africanos — nació lo que hoy llamamos guarapo.

El nombre viene del español canario y del Caribe hispano, pero su alma es afrodescendiente. Así que cuando levantas un vaso frío de guarapo, no estás tomando solo jugo de caña. Estás levantando también una historia de siglos de resistencia, adaptación y mestizaje cultural.

El viche es el hijo más destilado de esa historia. El guarapo fermenta y se transforma — y en manos de las mujeres del Pacífico, esa transformación se volvió arte, medicina y patrimonio.

Raíces en el litoral Pacífico: los siglos XVII y XVIII

Los primeros intentos de explotación minera usando esclavos de origen africano en la costa pacífica neogranadina se dieron durante el siglo XVII, y las grandes operaciones mineras — y con ellas el tráfico masivo de esclavos hacia la costa occidental — no comenzaron sino hasta las primeras décadas del siglo XVIII. 

Fue en el siglo XVIII cuando la institución de la esclavitud y la consiguiente importancia de la población negra llegaron a su máxima expresión en el Pacífico colombiano. Fue precisamente en ese contexto — en medio del dolor de la esclavización y el despojo — donde las comunidades afrodescendientes de Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño arraigaron sus saberes. El viche nació y creció en ese territorio, transmitido en voz baja entre generaciones, como un acto de memoria y resistencia.

Las manos que lo sostienen

Históricamente, han sido las mujeres afro del Pacífico quienes han guardado y transmitido este conocimiento. No solo saben cómo producirlo: saben cuándo. Conocen el ciclo de la caña, el momento exacto del corte, los tiempos de la fermentación. Ese saber no está en ningún manual. Vive en ellas.

El viche ha acompañado partos, sanaciones, rituales, duelos. Ha aliviado dolores y ha protegido cuerpos y espíritus. Es un saber completo — y han sido las vicheras quienes lo han cuidado con la misma ternura con que se cuida la tierra.

"En cada botella de viche carga una parte de la tradición cultural Guapi Cauca, recuerdos que laten en el Pacífico, fuerza y trabajo de las mujeres negras, que aman, respetan y defienden su labor como vicheras y transformadoras de viche." Benedicta Montaño Vidal, oriunda de Guapi Cauca, vereda San Antonio de Juaji. Pionera y transformadora de viche. Su imagen y su historia son el corazón de esta colección.

Resistencia que huele a tierra húmeda

Durante décadas, el viche fue perseguido. Considerado ilegal, estigmatizado, silenciado. Y aun así, sobrevivió. Porque hay cosas que no se pueden borrar cuando están ancladas en la identidad de un pueblo.

Ese reconocimiento llegó con fuerza en 2021, cuando Colombia aprobó la Ley 2158, conocida como la Ley del Viche. Una ley que no solo legalizó su producción artesanal, sino que reconoció el viche como patrimonio cultural inmaterial de las comunidades afrocolombianas del Pacífico — devolviendo a las comunidades el derecho sobre un saber que nunca debió serles quitado.

Ese reconocimiento no llegó solo: fue ganado con persistencia, con orgullo y con la terquedad hermosa de quienes se negaron a olvidar.

¿Por qué hablar del viche desde la moda?

Porque en Embambada creemos que una prenda puede ser un acto político. Que vestirse puede ser una forma de honrar, de recordar, de pertenecer.

La colección Detrás del Viche nació de esa convicción. Cada diseño traduce esta memoria — la tierra, las manos, la fuerza de las mujeres del Pacífico — en algo que puedes llevar contigo. Algo que dice, sin palabras: esta historia importa. Esta historia soy yo.

Porque el viche no es solo una bebida. Es territorio. Es identidad. Es resistencia. Y también es futuro.


Embambada transforma palabras y expresiones afrodescendientes en moda. Esta colección es un homenaje a Benedicta Montaño Vidal y a todas las mujeres que han cargado el Pacífico en sus manos. Elige vestir esta historia

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